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Experiencias

Hace un par de años doné sangre para la intervención de un pariente

A los 35 años esa práctica era común en mi 1 o 2 veces por año. En esa ocasión, a los 10 días llega una carta simple a mi domicilio, notificándome que el examen de sangre había salido con inconvenientes en mi serología y que lo tenía que repetir a la brevedad.

Para ese entonces yo ya había cursado al carrera de abogacía casi en su integridad, tenía conocimiento , no solo información sino conocimiento sobre el HIV , ya que uno de mis mejores amigos era portador de la misma, había estado muy interesada sobre el tema y sentía que mi estudio sobre dicha enfermedad ayudaría en minimamente a su prevención .

Luego de leer la carta , todos los conocimientos ya no existían, había cruzado una frontera, había dejado la vida , lo que me quedaba era solo un padecimiento con final esperado.

Pasaron dos horas hasta que los médicos del Hospital Francés me aseguraron que el examen de sangre necesitaba rehacerse porque daba un anticuerpo a la hepatitis b y de ser así yo no podría donar sangre , pero que lo más seguro es que el examen no diera bien por el resfriado que tenía al momento de la prueba.

El mar de lágrimas en que me hallaba era comparable al agradecimiento que sentí hacia los médicos. Ya no tenía SIDA, lo había tenido en mi cabeza por dos horas y en ese tiempo, mi vida se había terminado, yo ya no era considerada por mi misma como persona, sino como un despojo.

La alegría duró un par de días, hasta que pude preguntarme que me llevó a esa situación: ¿una carta mal interpretada? o ¿todo mi prejuicio sentido en carne propia?

Mi amplitud de conciencia, mi benevolencia hacia el prójimo, ¿mi compromiso hacia la salud pública eran una farsa? En mi cabeza había 2 grupos en pugna: los sanos y los enfermos. La recompensa era la vida. La dicotomía estaba en mi cabeza y había pasado a mi cuerpo.

La lucha ya no era contra el SIDA sino contra todos aquellos que poseen la enfermedad. La vida solo era posible sin enfermedad, con ella solo muerte.

El prejuicio trajo la muerte .

¿Dónde estaba la enfermedad en la sangre o en la cultura? Seguía con dicotomías, suponiendo desde está posición poder encontrar objetivamente la salud, como si la misma pudiera hallarse en el cielo Platónico, con la ilusión de llegar a ella en algún momento, como si la verdad fuera única y alcanzable. O enfermos o sanos. O vivos o muertos.

Y los polos cada vez más alejados.

Pasaron 5 años, la verdad es cada vez menos revelada ya que no existe, solo existen individuos, seres únicos desde su biología, su mente, su entorno. Este ser bio-psico-social, este entramado único es la verdad, donde el cielo platónico cae a la tierra haciéndose individuos reales.

El prejuicio es un efecto de la objetivación , del suponer que la verdad es única, como también así los parámetros desde donde suponer la salud.

Patricia.

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