Años y años de una epidemia no resuelta
Cuando en 1992 se acercó la Sra. Gloria Zaffiro al Programa de Control de ETS-VIH-SIDA de San Isidro, dos eran las necesidades desde la Salud Pública no resueltas sobre el SIDA.
La primera estaba referida a la internación ya que muchos enfermos debían permanecer internados porque no podían recibir, en sus hogares, la atención necesaria.
El segundo que veíamos, era que los hijos de padres viviendo con VIH, no venían a control, no cumplían con la medicación, quedaban desprotegidos cuando sus padres se internaban, y el cuadro se completaba sabiendo que todos iban a quedar huérfanos.
La Fundación COR acepto este segundo desafío y se transformó en una pieza clave para el éxito del programa de control materno-infantil en San Isidro.
En esos años la situación era sumamente preocupante, la droga por vía intravenosa pasaba a ser la primera causa de transmisión, la mortalidad estaba llegando a su punto mas alto en la historia del SIDA y el porcentaje de transmisión madre hijo comenzaba a crecer.
En el campo médico y preventivo asistencial el gran logro fue el control de la sangre a transfundir (en San Isidro desde 1987). En lo social la discriminación era un factor preponderante en la comunidad, debido al temor a la enfermedad por dos motivos: uno por el hecho de ser mortal y el segundo por la estigmatización que significaba decir que uno vivía con el virus.
La ley prohibía expresamente rechazar alumnos en las escuelas, sin embargo, cada caso debía ser resuelto porque la primera propuesta era la negación de la Institución a aceptarlo.
Las empresas comenzaban a realizar los análisis en forma escondida (prohibido expresamente por la ley) a los trabajadores; a quienes no tomaban o echaban de sus empleos.
Pasaron 10 años y aparecieron en 1995 los “cócteles” cambiando la historia de la epidemia y la mortalidad comenzó a disminuir. La enfermedad ha comenzado a convertirse en “crónica” y la expectativa de sobrevida es muy alta. Pero las necesidades no han terminado.
Las mujeres concurren tarde al control y por lo tanto la efectividad de los tratamientos existentes queda anulada y el riesgo aumenta cinco veces. Hoy el 40 % de las mujeres embrazadas con serologia reactiva son detectadas al momento del parto.
La educación sexual sigue siendo un tabú y la falta de compromiso, la censura y autocensura lo que causa más daño en la comunidad, especialmente en las mujeres jóvenes.
La pobreza en que se ha visto sumergido nuestro país en los últimos años profundizó las dificultades en la lucha contra el SIDA y se contrapone a todos los logros sanitarios y comunitarios obtenidos.
Cuando se creó la Fundación COR, hablamos de cerrarla cuando ningún chico necesite ayuda por ser hijo de padre viviendo con VIH, hoy decimos que necesitamos muchas organizaciones que se sumen para poder satisfacer la demanda.
Esta realidad solo se resuelve con la participación interdisciplinaria del estado, de las organizaciones y de la comunidad. Si esto es así, dentro de diez años, posiblemente la Fundación Cor estará trabajando en otros objetivo, sino fuese así otra enfermedad vergonzante tendremos en nuestras conciencias como la sífilis congénita, que acaba de reaparecer, porque como dicen en UACETS "una enfermedad es vergonzante solo cuando pudiéndosela curar ( o evitar ) no se la cura".